Tumbes
a ciudad de Tumbes rompe todos los esquemas de las urbes costeñas del Perú. Clima tropical, un río que se puede navegar todo el año y tan cerca al litoral que se puede sentir la brisa marina en la Plaza de Armas.
Es tan apacible y segura que el único peligro que acecha a los visitantes son los llamados "matacojudos", unos enormes frutos que cuelgan de los árboles de su Plaza Mayor.
Una visita obligada es la Catedral San Nicolás de Tolentino que alberga en su interior un altar mayor trabajado en madera con aplicaciones tributarias del barroco y sus vitrales con escenas de la Santísima Trinidad y de los santos más importantes del panteón tumbesino.
A un costado de la catedral se ubica el antiguo Cabildo de Tumbes -hoy biblioteca municipal- una casona de origen colonial construida con caña de Guayaquil y rematado con una típica torre-mirador. Pero allí no queda la cosa. Otros sitios de visita obligada son la Plazuela Bolognesi y los paseos peatonales de la zona comercial: el Paseo del Maestro, Los Libertadores, El Abogado, El Triunfo, La Concordia Peruano Ecuatoriana y El Triunfino, donde están ubicados restaurantes, discotecas y tiendas comerciales.
La arquitectura de la típica casona tumbesina también es única en su género. Construidas con caña de Guayaquil, hualtaco o algarrobo, cuenta en su interior con amplios salones y pueden tener hasta tres pisos con techos altos para mitigar el calor. La Casona Feijoó ubicada entre la calles Grau y los Andes, es una de las más representativas.
Al mediodía, cuando la temperatura supera los 30 grados centígrados a la sombra, nada mejor que refugiarse en una picantería para saborear un buen cebiche de conchas negras o la gran variedad de platos a base de mariscos y pescado fresco, acompañado de música regional y un buen vaso de "clarito", esa aneja chicha de jora previamente decantada y enterrada durante años para su maceración.
Más tarde, cuando el calor lo permite, se puede pasear por la Plaza de Armas y enfriar hasta el espíritu en la tradicional heladería Curich. De allí que sería imperdonable no recorrer el malecón Benavides y la plazuela El Beso con sus rotondas y corredores.